Fundamentos de la musicoterapia


La primera pregunta que uno debe hacerse ante la afirmación de que la música, eso que forma parte de nuestra vida cotidiana y tenemos asociado a los campos del ocio y el arte, puede ser terapéutica es: ¿por qué? Pues bien, el aparato auditivo constituye uno de los 5 sistemas perceptivos de los que disponemos para comunicarnos e interactuar con nuestro entorno, ya sea físico o social. Éste, a pesar de que vivamos en una cultura eminentemente visoespacial, cumple una serie de funciones básicas en los primeros años de vida, como el reconocimiento materno, la ubicación espacial o la llamada. Si además tenemos en cuenta que, a diferencia de otras especies, la humana posee los sistemas de emisión y percepción sonoros interrelacionados, de manera que cada uno enriquece y condiciona al otro, podemos concluir que nuestra experiencia sonora durante la infancia es
[…] la base estructural de un lenguaje, que […] se centra sobre la emisión y recepción de sonidos que expresan los diferentes estados emocionales congruentes con sus distintas actividades, necesidades o deseos, pero carentes de intencionalidad individual informativa […] lo que no impide que los sonidos emitidos en estas circunstancias tengan un gran valor informativo para el resto de su comunidad (José Ramón Hidalgo Velayos, 2000).

El propio Hidalgo sugiere en el mismo texto que dicha función comunicativa con contenido de tipo emocional va transformándose durante la etapa de crecimiento, adquiriendo cada vez mayor importancia el contenido de tipo racional como consecuencia de la adquisición del lenguaje hablado. Paralelamente a este desarrollo, el niño aprende una forma exclusivamente humana de comunicación emocional y estética, la música, que, según este autor, en tanto que vivencia conectada a una emoción, puede ejercer una acción modificadora sobre ésta. El proceso neurológico que describe es el siguiente:
El conocimiento de una secuencia musical, implica esperar el estímulo de las notas siguientes y los efectos de dicha espera[…](son) la activación del hemisferio no dominante para procesar esos sonidos y la fijación de la atención dirigida selectivamente hacia su escucha […] que actuará equilibrando la omnipresente funcionalidad del hemisferio procesador del habla (José Ramón Hidalgo Velayos, 2000).
Por tanto, la actividad musical es beneficiosa para activar la dimensión emocional del niño y, por tanto, su capacidad comunicativa. Esto será especialmente importante en el caso del Síndrome de Rett, pues uno de los objetivos fundamentales de trabajo es desarrollar la capacidad comunicativa. Al mismo tiempo, podemos observar cómo determinados procesos cognitivos como la atención se ven involucrados en este proceso. De hecho, el aprendizaje musical comporta la adquisición de determinadas destrezas que benefician la inteligencia, como por ejemplo la lectura de notación, la memorización de pasajes, el desarrollo de habilidades técnicas o la propia atención (E.G. Schellenberg, 2005). Esto justifica la utilización que de la música hace la musicoterapia, tratando de influir sobre aspectos no estrictamente musicales, como puede ser el cognitivo, el comunicativo o elemocional.

Por otra parte, algunos autores señalan que la música, concretamente el canto, es una de las pocas actividades que tienen un carácter bihemisférico, esto es, que en ella intervienen ambos hemisferios cerebrales (Taylor, 1997). Esto permite, a través de ella, modificar algunas estructuras cerebrales y la plasticidad de algunas funciones, pudiendo rehabilitar funciones neuronales (Mariana Nuzzi, Nuria Marsimian, & Silvia Baetti, 2011). Además, estas autoras sostienen que dicho carácter bihemisférico nos advierte de que el lenguaje verbal y el musical se ubican en diferentes partes del cerebro y, por tanto, son dos sistemas diferentes de comunicación que trabajan conjuntamente de manera excepcional en la práctica del canto. Esto nos lleva a concluir que la música es una posible vía alternativa de comunicación para
aquellos niños que presentan una alteración en el lenguaje verbal y que, a través de la primera, podremos trabajar este último.

Una última fundamentación terapéutica de la música es su capacidad para trabajar sobre cuestiones relacionadas con el movimiento, pues el propio ritmo de las canciones puede ser utilizado como estructura temporal sobre la que desarrollar una serie de acciones sensoriomotoras. En el caso de niñas con Rett, como veremos más adelante, esto será muy útil para trabajar las estereotipias manuales.

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