a. El modelo conductista
Como apunta Davidoff (Davidoff, 1995), el nacimiento de la corriente conductista está fuertemente ligada a la figura de Watson, quien estableció que la psicología, en tanto que ciencia, debía basarse en objetos observables que le permitiesen conclusiones explicativas y predictivas. Esto, lejos de poder realizarse basándose en la mera especulación introspectiva, como era habitual durante la primera década del siglo XX, requería fijar la atención en los eventos ambientales (estímulos) y las conductas que provocaban en los seres humanos (respuestas). Desde estas premisas se han ido desarrollando toda una serie de tecnologías de control conductual como los condicionamientos, las técnicas de extinción o la economía de fichas que han ido calando en otras disciplinas. En el caso que nos ocupa, Mercadal-Brotons explica los inicios de este enfoque aplicado al campo de la musicoterapia:
Las primeras publicaciones que evidenciaron la aplicación de este enfoque fueron las siguientes: Steele (1968) que utilizó la música como refuerzo para modificar un comportamiento no cooperativo de un niño con retraso mental. Jorgenson y Parnle (1970) que utilizaron la música conjuntamente con principios de modificación de conducta para intentar modificar conductas sociales de niños con retraso mental grave.(Mercadal-Brotons, 2000)
La misma autora señala experiencias posteriores en las que
se comprobaron los efectos beneficiosos de la terapia musical aplicada en base
a principios conductistas:
Así, Allen y Bryant (1985) observaron que el procedimiento musical de aparición-retirada de la actividad musical era más eficaz que sólo el uso de la música como refuerzo para reducir las interrupciones de llanto, y para mejorar el sentarse apropiadamente de dos niños con retraso mental. Holloway (1980) tanto utilizó actividades activas (como el tocar instrumentos musicales) como pasivas (audición musical) como contingencias para mejorar las actividades preacadémicas de ocho pacientes con retraso mental.(Mercadal-Brotons, 2000)
También diferencia, en la misma obra, tres funciones diferentes
que puede adquirir la música:
1.
Estímulo:
Para facilitar el aprendizaje y la memorización,
fundamentalmente a nivel motriz (a través del ritmo y el movimiento) y a nivel
verbal (mediante el uso de canciones con contenidos educativos). Un ejemplo son las canciones para aprenderse
las tablas de multiplicar.
2.
Estructura:
En este caso, a diferencia del anterior, se utiliza la
música sobre elemento continuo “sobre” el que realizar la actividad. Por
ejemplo, podemos favorecer las relaciones sociales trabajando danzas musicales
que requieran interacciones entre los alumnos.
3.
Refuerzo:
Es el procedimiento que más eficacia ha demostrado.
Podemos utilizar para extinguir determinadas conductas o para fomentar la
aparición de otras.
Como podemos observar, este enfoque facilita la integración de la musicoterapia dentro del aula ordinaria, pues utiliza técnicas con las que el maestro está acostumbrado a trabajar. A continuación veremos como otras aproximaciones requieren una intervención más especialista y son de mayor dificultad de aplicación dentro del modelo de escuela inclusiva.
b. El modelo psicoanalítico de Benenzon y el principio ISO.
Rolando Benenzon propone un enfoque musicoterapéutico de base freudiana en el que incorpora el principio de ISO (Benenzon, 1997), refiriéndose a la existencia de energías sonoras situadas en el interior del espacio psíquico humano que Freud denominó inconsciente y preconsciente. Este ISO es una especie de personalidad acústica del ser humano que el autor articula en 4 niveles, el ISO universal y el gestáltico, que ubica en el inconsciente, y el cultural y complementario, en el preconsciente. En primer lugar, el ISO universal es común a todas las personas y se constituye a través de experiencias premusicales compartidas por todos como son el ritmo binario del corazón o el proceso de inspiración-expiración. El ISO gestáltico, al contrario, es individual y es la consecuencia tanto de las energías que hemos heredado a través de los genes, como de las que han sido sentidas durante la gestación. En cuanto al ISO cultural, éste se forma desde el momento del nacimiento y tiene que ver con aquello que llamaríamos factores ambientales familiares y sociales. Por último, el ISO complementario está relacionado con las interacciones comunicativas no-verbales que realizamos con otros sujetos.
Partiendo de estos conceptos, Benenzon plantea la musicoterapia como “el campo de la Medicina que estudia el complejo sonido- ser humano; para utilizar el movimiento, el sonido y la música, con el objetivo de abrir canales de comunicación en el ser humano, para producir efectos terapéuticos, psicoprofilácticos y de rehabilitación en él mismo y en la sociedad” (Benenzon, 1991). En esos canales de comunicación, cuya apertura supondrá el inicio de la terapia, la música funciona como objeto intermediario que facilita la interacción. A través de ella, se busca conseguir una relación terapéutica de los ISOs de ambas partes en un contexto no-verbal que posibilite actuaciones como regresiones bipersonales o ajustes del tiempo biológico. Como apunta el autor, esta última es especialmente interesante para un paciente con trastornos autistas, pues este presenta “un tiempo particular entre la percepción de un estímulo y su respuesta, que puede variar desde lo inmediato hasta horas”(Benenzon, 2000).
c. El método Nordoff-Robbins dentro de la psicología humanista
El paradigma de la psicología humanista aparece en la década de los 60 del siglo pasado como parte de un movimiento multidisciplinar más amplio que intentó hacerse un hueco en un momento en el que el conductismo y el psicoanálisis dominaban el debate científico. Según la Asociación Norteamericana de Psicología humanística,
La psicología humanista es,
primordialmente, una orientación a la totalidad de la psicología más que un
área o escuela distinta. Adhiere el respeto por el valor de las personas,
respeto por las diferencias de enfoques, por la amplitud de miras en
cuanto a métodos aceptables e interés en la exploración de nuevos aspectos del
comportamiento humano (Severin, 1965).
Como podemos apreciar, se trata de una visión abierta que podríamos calificar de integradora u holística, cuyo objetivo último es dar respuesta de un modo global a aquello que otras teorías más rígidas no pueden.
Dentro de este enfoque encontramos planteamientos como el de Nordoff-Robbins, conocido como Improvisación musical terapéutica, que trata de utilizar la “interacción musical viva de muchos niños con distintas discapacidades para sortear barreras de comunicación y de relación”(Lorenzo, 2000). Este planteamiento, que evidentemente puede ser beneficioso a los niños que presenten autismo, se basa en la improvisación musical como sistema de comunicación del Yo y de su estado, que denominarán niño musical. Según los autores, mientras que un niño puede presentar patologías, su niño musical interior puede permanecer intacto y comprender perfectamente los elementos básicos del lenguaje musical y su funcionamiento, por lo que se convierte en una ventajosa parte del ser con la que poder establecer una comunicación desde un plano de igualdad y a partir de la cual superar los anteriores límites de funcionamiento.
Tal y como comentan las autoras Lorenzo e Ibarrola, el
proceso podríamos dividirlo en 3 fases:
1.
Contacto
exploratorio.
Aproximación para conocer al niño, su grado de
implicación de diferentes enfoques de la terapia y su respuesta a determinadas canciones,
tratando de establecer un especie de canon comunicativo personalizado.
2.
Desarrollo
integrativo.
A través de la repetición se trabajan los niveles de
respuesta a las canciones establecidas.
3.
Comunicación
y actualización personal.
Se busca la mayor comunicación y estado de consciencia,
animándole a hacer uso de un mayor grado de libertad.
d. Hacia un enfoque integrador
Los modelos expuestos hasta ahora presentan una estructura de planteamiento que podríamos denominar enfoquecentrista, pues centran el discurso en torno al propio modelo y sus posibilidades generales sin discriminar entre sus objetos/sujetos de intervención. Así, proponen prácticas y conceptos que no podrán desarrollarse de la misma manera en los diferentes ámbitos de aplicación. Sin embargo, a la hora de enfrentarnos a casos tan particulares como es el de las niñas con SR, deberemos elaborar un método de intervención más situacionista y que responda a las características concretas de este grupo de población. El nuevo enfoque integrador que vamos a proponer, tratará de aprovechar cada una de las particularidades de los 3 modelos expuestos que sí pueden ser beneficiosas para nuestras niñas y articularlas de modo que sean complementarias y funcionen dentro del nuevo sistema.
Respecto al enfoque conductista, aquello que podemos utilizar principalmente es la música como estímulo. Es decir, está comprobado que la motivación es un factor decisivo dentro del proceso de aprendizaje. Por tanto, utilizaremos la música como estímulo motivador, de manera que la niña desee establecer una relación y a partir de ésta podamos iniciar el proceso terapéutico. Respecto al empleo de la música como estructura, deberemos adaptar las canciones de manera que puedan seguir su ritmo. En este caso, en lugar de utilizar canciones grabadas que dificultarían su adaptación rítmico-temporal al tempo de la niña, deberá interpretarla el terapeuta, pudiendo disminuir la velocidad o detenerla y reanudarla en tiempo real. Respecto a la música como refuerzo, no la consideramos útil porque nuestro objetivo no es extinguir o promover conductas. Por otro lado, consideramos que entender el refuerzo como tal requeriría una capacidad cognitiva que las niñas con SR no poseen.
En cuanto al modelo que plantea Benenzon, aquellos dos elementos que más nos interesan son la idea de objeto intermediario y la relación terapéutica. El objeto intermediario responde a preguntas relacionadas con los instrumentos y el repertorio que se utilizarán para llevar a cabo la terapia. Así, durante las primeras sesiones se deberá ofrecer a la niña una amplia variedad instrumental, especialmente instrumentos Orff, y prestar especial atención a qué instrumentos elige y cuales llaman más su atención. Se trata de fijar unos pocos instrumentos, que serán con los que trabajemos posteriormente la comunicación e interacción. Además, la manipulación instrumental permitirá trabar la utilización funcional de las manos. Lo mismo sucede con el repertorio de canciones; se deberá conocer, a través de entrevistas con familiares o con la escuela, si la niña tiene alguna canción que le guste especialmente (su ISO) para poder trabajar a partir de ella. De todas formas, se podrán proponer canciones que se consideren que pueden ser de su interés y ver cómo responde ante ellas. Por lo que respecta a la relación terapeuta-paciente, Benenzon nos advierte de que ya en sí misma es terapéutica, lo que nos lleva a concluir la necesidad de tener en cuenta dicha relación y re-pensarla en términos profesionales y de relación humana, al margen de las técnicas musicoterapéuticas.
Por último, lo más destacado desde el punto de del enfoque humanista es la idea de comunicación de la niña musical a través de la improvisación. Se tratará de aprovechar la capacidad comunicativa no verbal para trabajar y favorecer la interacción social. Evidentemente, como ya hemos apuntado, el objetivo de la musicoterapia es la utilización de la música o el sonido con fines no estéticos sino terapéuticos. Por tanto, no podemos pensar en improvisaciones musicales elaboradas, sino en rudimentarios actos de comunicación acústica. En un primer momento la interacción se realizará entre el terapeuta y la niña y, en una etapa posterior, ésta podrá ser integrada en un pequeño grupo de 2 ó 3 pacientes, para tratar de trabajar las interacciones con iguales.
Por tanto, el enfoque integrador que proponemos, y sobre el
que se fundamentarán las actividades que elaboremos más adelante se asienta
sobre los siguientes puntos fundamentales:
- Música como estímulo y estructura adaptada.
- Instrumentos sencillos y repertorio concreto como objeto intermediario.
- Trabajo de la interacción social a través de la improvisación.
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